Un
embajador por el mundo
Ricardo
Ceratto
En
esta galería anecdotaria del recuerdo, del cariño,
del afecto, cómo no incluir a un grande de verdad.
Al evocarlo, me parece estar sentado otra vez frente a
él. Como en tantas oportunidades en la radio o
en una entrevista televisiva.
Su sonrisa anchurosa y alegría incontenible permanente,
eran contagiosas…
Escucho más de una vez, las últimas cintas
que me envió desde México, cuando triunfaba
por esos momentos en Televisa y terminaba de componer
para José
Vélez “Argentina blanca
y azul”. ¡Qué canción!
Un tipo excepcional, sencillo, simple, humilde…
un gran artista. Tal vez se hizo cierto aquello
de que nadie es profeta en su tierra. Pese a haberle dedicado
cientos de canciones a su patria chica: “Loma
Alta”, una colonia de inmigrantes, cerquita de Santa
Fe.
Paseó su arte y talento por el mundo. Vivió
en España, terminó radicándose en
tierras aztecas, donde murió un 29 de marzo de
1995.
Supo decirme: “Roberto, soy un borracho de la música.
Enamorado de la profesión, viajando por el mundo
con mis canciones. Como un marino, de puerto en puerto.
Cuando tenía 11 mi abuelo me compró un acordeón
y, en menos de un año, comencé a componer
porque sentí la necesidad de escribir cosas simples
que marcaron mis comienzos. Empecé de nuevo millones
de veces. Tuve problemas y tropiezos como todos, pero
al ponerlos en la balanza, pesan mucho más las
satisfacciones y logros. Soy esencialmente artista, no
un comerciante discográfico. He dado un montón
de canciones, a principiantes y consagrados”.
Así hablaba Ricardo Ceratto, el
famoso autor del tema “Me va, me va”
(popularizado internacionalmente por la voz de
Julio Iglesias). Obtuvo el premio en el Festival
Eurovisión del ’69, con “Vivo cantando”.
Otro gran éxito en su carrera fue “Que más
da”, la canción que lanzó a la fama
a su amigo José Vélez, en el ’75.
Un año antes, con “Hoy canto por cantar”,
había ganado el Festival Internacional de la OTI
con Nydia Caro como intérprete, superando al “Puma”
José Luis Rodríguez, que logró el
segundo lugar en la competencia.
Volviendo al famoso tema “Me va, me va”,
compuesto entre finales del ´73 y comienzos del
’74, Ceratto me contó en alguna de sus visitas
que fue concebida originalmente como una zamba argentina.
Incluso la grabó dos veces, antes de que Julio
Iglesias la incorporara a su repertorio 10 años
más tarde. Es más, debido a la repercusión
que tuvo, sirvió de jingle de una reconocida marca
de café, que llegó a tararearme en un programa
de radio.
“Me va, me va” también fue interpretada
triunfalmente por figuras como Dolores Vargas
“La Terremoto”, los hermanos Reyes (tíos
de los integrantes de Gipsy Kings), Rafaella
Carrá y Los Marismeños.
Inolvidable. Siguió siendo siempre el mismo, pese
a la fama en otros países. Es que la música
nació con él.
Recuerdo en los últimos tiempos, antes de su partida,
su inclinación poética a la obra de Dios
grabando aquella canción en Miami, titulada “El
día que se enoje Dios”, uno de los
temas más emotivos dedicados al pueblo cubano en
el exilio. En final de su vida, el Evangelio fue un eje
primordial.
En lo personal considero que tiene trabajos brillantes
como el potpurrí de rumba flamenca con base en
varias de sus canciones más famosas. O logros impagables
como “En Baja California”
y “Un siglo de amor”, inspiradas
en el centenario de Tijuana, y en “Cancún
es más”, donde tuvo el honor de
ser acompañado por la guitarra del célebre
artista puertorriqueño José Feliciano.
Hoy tengo un gran archivo de su obra, gracias a su hermano
Raúl, también poeta y cantor. Me obsequió
manuscritos y poesías como “La escalera
de la vida”, infinidad de material en audio
y video y hasta una corbata de Ricardo.
Me quedaré para siempre con su perfil optimista
y de gran energía. Un tipo tan tenaz como talentoso.
El recuerdo de su entusiasmo me alienta a seguir difundiendo
su música y a rememorar, en cada enero, aquellos
días en los que nos reencontrábamos con
el grato sabor de la sorpresa.
Roberto
"Pipy" Rivero